Para mezzo-soprano/actriz y orquesta

de cámara.

(1991-93) 20’

 

“De familia muy alcurniada, nació en Beja, ciudad del Alentejo, provincia portuguesa, Mariana de Alcoforado, en 1640, al tiempo que las imprevisiones del conde-duque de Olivares nos hacían perder la zona atlántica de la Península Ibérica.

“Falleció sor Mariana en 1723, lo que nos pone en sospecha de que nadie muere de amor, pues al suyo por el caballero de Chamilly, duque de Saint-Léger y mariscal de Francia, que con tanta pasión se nos revela en las cinco cartas que siguen, sobrevivió 61 años.”

Así comienza la nota biográfica del español don Pedro González Blanco quien tradujo y prologó las Cartas de amor de la monja portuguesa, mismas que fueron después publicadas en México en 1951. De esta forma también nos enteramos que Mariana de Alcoforado conoció al capitán francés Bouton de Chamilly desde una celosía del convento de la Concepción Franciscana de Beja, donde había profesado.

Aparentemente al capitán Chamilly le parecieron notables las cinco cartas de amor que la monja le escribiera e, indiscretamente, se las dió a uno de sus amigos para que fueran impresas. “¿Presentía que las cartas, y no sus menguadas hazañas, serían el mejor lauro de su vida insignificante?” comenta don Pedro. Estas cartas aparecieron bajo el título Lettres d’une religieuse en 1669 y han sido traducidas a todos los idiomas.

Estas cartas dan fe de la pasión femenina, de las contradicciones amorosas, de la desesperanza, la impotencia, la rabia, el odio, la tristeza, la añoranza, la amargura, la pérdida de la autoestima, el deseo, la ironía, la justificación del abandono; en suma, todos los sentimientos encontrados que se reúnen en el amor no correspondido, en el desamor. “El amor, por sí, no engendra amor” nos dice Mariana en su quinta epístola.

De las cinco cartas elegí la última para escribir Desasosiego, para actriz/mezzosorprano y orquesta de cámara, porque en ella se reúnen todos los sentimientos que están presentes en las cartas anteriores; desde la total devoción de la primera hasta el paulatino desengaño que desemboca en la desgarradora despedida de la última carta.

Mi primera tarea fue tratar de descubrir los sentimientos que surgían de las frases y hacer una espiecie de catálogo emocional. A cada uno de estos sentimientos le correspondería su equivalente musical que, no necesariamente, tendría que subrayar los que estaba diciendo sino, al contrario, expresar con sonidos lo que no decía el texto literalmente pero que estaba implícito y así, poner de manifiesto las constantes contradicciones. Evidentemente unas emociones están estrechamente relacionadas con otras y musicalmente trato de conservar estos vínculos.

Como todos los enamorados, Mariana se repite y, sin eliminar este elemento fundamental de la psicología amorosa, decidí hacer una edición de esta carta por motivos dramáticos sin, por ello, traicionar el sentido de la misma.

En una primera instancia decidí escribir rítmicamente la prosodia que quería y así estar segura de que la música iría de la mano con el texto y tener un control sobre dónde quería qué énfasis y, además no correr el riesgo de que la música terminara antes del texto o viceversa. Después decidí quitar la medida y dejar el texto fluir más libremente conservando los tiempos que había calcudo y colocando calderones en ciertos pasajes para asegurar la sincronía. En cuanto a las partes cantadas, también conservo la idea prosódica, no melismática. La interacción de las partes habladas y las cantadas me da también la posibilidad de tener un cambio temporal, combinar el tiempo real de las partes recitadas con el tiempo más extendido de las cantadas. Fue importante para mí que las partes cantadas y recitadas se sucedieran de la forma más natural posible, casi imperceptiblemente.

Armónicamente la obra está concebida como una obra espectral; es decir, tomo unos cuantos sonidos (básicamente fa, do) que serán los fundamentales de una serie de armónicos naturales, algunas veces, incluso, armónicos tan alejados que ya no pertenecen al sistema temperado y que pueden resultar disonantes si se escuchan aisladamente pero que guardan siempre  una relación natural con su generador. El paso de un sonido fundamental a otro se hace gradual o bruscamente según sea el caso. La armonía estática que resulta de esta manera de trabajar es equilibrada a partir del timbre.

Desasosiego fue escrita entre 1989 y 1992 gracias a la Beca de Jóvenes Creadores del FONCA y se estrenó durante el Foro de Música Nueva en mayo de 1995 con Adriana Díaz de León y la Orquesta Sinfónica de Xalapa bajo la dirección de Francisco Savín.

 

 

Desasosiego para mezzosoprano/actriz y orquesta de cámara (1989-1992)

En el siglo XVII, una monja del convento portugués de Beja, Mariana de Alcoforado, le escribe cinco cartas a su amante francés Noël Bouton, mariscal de Chamilly. En ellas expresa sentimientos que van desde el más profundo amor hasta el dolor causado por el abandono. Yo tomé algunos fragmentos de la quinta carta  porque en ella aparecen reunidos todos los sentimientos que se presentaron individualmente en las anteriores misivas: la gran pasión y  el no menor desengaño amoroso. La obra se mueve en dos niveles, el primero y más evidente es el texto hablado con el que la monja desea convencer a su amante de que ella ya no tiene ningún interés en él; sin embargo este texto cambia continuamente, va de la aparente frialdad, al desengaño, pasando por la angustia, el deseo de que regrese, el desamor y por supuesto, el amor y es precisamente la música  quien pretende dar el verdadero sentido a estas palabras. Sólo en un momento la voz y la música se unen: cuando ella, casi sin querer, deja entrever que  su amor sigue siendo  más grande que su dolor. El texto es una muestra excepcional  de los sentimientos contradictorios de una mujer enamorada que, a pesar del paso del tiempo, siguen siendo los mismos de las mujeres de hoy.

Esta obra está dedicada a mis amigos Beatriz Blanco y a Eduardo Marín (In Memoriam)  y fue escrita gracias a la Beca de Jóvenes Creadores que el FONCA (1989).

 

 

 

 

DESASOSIEGO

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1 de diciembre en la Sala Manuel M. Ponce a las 20 horas

4 de diciembre en el Auditorio Silvestre Revueltas del Conservatorio Nacional de Música a las 12 horas

 

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