Para orquesta (2009-2010) 15´

Mercurio

Saturno, Júpiter, la Luna

Venus, Marte, el Sol

 

Metales y transformaciones; planetas y elementos; astrología y música; símbolos y alquimia; las esferas celestes y la esfera humana. Tales son los mundos y los planos que habita la partitura orquestal Atanor, de la compositora mexicana Ana Lara. En su significado más concreto, atanor es el horno en el que se transmutan los metales, el recipiente alquímico en el que se convierte el mercurio en oro. Del árabe al-tanur, que significa precisamente horno, el atanor o fogón de los alquimistas es también la representación simbólica de otros conceptos, como el útero materno, la matriz de Gaya, el origen de la vida y la fuente de la inmortalidad. Horno en el que los alquimistas buscan eternamente el elíxir de la vida, la piedra filosofal, el polvo de proyección, la sabiduría total y perdurable.

En lo musical, el Atanor de Ana Lara es una obra sinfónica que sigue el periplo energético de los planetas, inspirada en sus lecturas alquímicas, particularmente en aquellas en que se describe el camino que se inicia en Mercurio y termina en el dorado Sol. En el centro mismo de la concepción musical se encuentra la compleja simbología astrológica y alquímica de los planteas. En el inicio es Mercurio, el mensajero, el único cuyo símbolo contiene a la vez al Sol y a la Luna. Mercurio, mensajero alado, es el portador de ambas esencias, el agua de fuego y el fuego que no quema, esencia lunar y esencia solar. Mercurio es, entonces, el cimiento de la primera parte de la obra, que funciona a modo de obertura. Le siguen dos etapas de transformación, la primera regida por la Luna, y la segunda por el Sol; tales etapas de la transformación alquímica dan origen a los movimientos segundo y tercero de Atanor. La primera etapa de la transformación es regida por Saturno, Júpiter y la Luna. La segunda parte del proceso es conducida por Venus, Marte y el Sol. En este punto, las palabras de la compositora-alquimista, llegadas de viva voz desde la lejana Macerata en el este de Italia:

 

Son siete cuerpos celestes involucrados en esta etapas de la transmutación alquímica, y en mi obra he asignado una nota de la escala a cada uno de ellos: re para Mercurio, si para Saturno, la para Júpiter, do para la Luna, mi para Venus, sol para Marte y fa para el Sol. Es así, tal cual, como ocurre en el mundo alquímico cuando sus procesos son relacionados con la música. Ya asignadas estas notas a esos cuerpos celestes, mi idea musical es trabajar en el espíritu scelsiano de una sola nota a la que se aplica un proceso de orquestación. Me importa mostrar cómo la Luna y el Sol están presentes en cada planeta, y cómo los sonidos que los representan se van moviendo, tal y como los símbolos que representan alquímicamente al Sol y a la Luna se van moviendo en los símbolos que representan a cada planeta. En este sentido, sigo a Giacinto Scelsi en cuanto que me concentro en un solo sonido, el que he asignado a cada cuerpo celeste, y a través de la orquestación de cada sonido intento crear los momentos y episodios de tensión y distensión sonora. Para mí, el proceso de composición de Atanor ha sido como revisitar mis Ángeles de llama y hielo casi veinte años después. Atanor es también, como los Ángeles, una visita al mundo celestial. En aquella partitura trabajé mucho con intervalos de quinta y octava para obtener los armónicos surgidos espontáneamente en el proceso de la orquestación. En Atanor, este proceso ha sido más restringido, porque he trabajado con menos notas. Mi intención ha sido, a pesar de ello, mantener siempre la tensión musical a través de la orquestación de cada nota que corresponde a cada cuerpo celeste.

 

Acotaciones alquímicas. Giacinto Scelsi (1905-1988), extraordinario compositor italiano, de origen aristocrático, cuya música tiene entre sus características principales una concentración profunda, de corte casi microscópico, en cada elemento de la música, concentración que imparte a muchas de sus obras la cualidad de una meditación trascendental.

Atanor le es encargada a Ana Lara por la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes, y la obra recibe su estreno absoluto el 14 de mayo de 2010, con la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Ronald Zollman. La partitura está dedicada por la compositora a dos entrañables amigos suyos, Jorge Torres Sáenz y Manuel Benet.

                                                                                          Juan Arturo Brennan

ATANOR

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Ana Lara

 

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Dir. José Luis Castillo

1 de diciembre en la Sala Manuel M. Ponce a las 20 horas

4 de diciembre en el Auditorio Silvestre Revueltas del Conservatorio Nacional de Música a las 12 horas

 

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